Ultrasonografía de pequeñas partes

  • Editorial:

    Amolca
  • ISBN: 9789588816333

  • Autor:

    Vv.Aa.
  • Fecha de lanzamiento: 2017-11-14

  • Nº de páginas: 308

Conocimiento: la constante insatisfacción y eterna búsqueda de la superación.
Hace mucho tiempo, en una época en que la oscuridad llenaba la Tierra, dos Titanes llamados Prometeo y Epimeteo, estaban cansados del marasmo del Mundo y del Olimpo. Ellos, entonces, decidieron pedir permiso a Zeus, el rey de los Dioses, para crear seres mortales con los cuales pudiesen distraerse.
En el principio, a Zeus no gustó le mucho la idea, pero Prometeo argumentó que, si algo salía errado, no habría grandes problemas; al final ellos serían seres mortales y perecerían, y con su muerte se extinguiría el problema.
Convencido de que sería seguro, Zeus autorizó a Prometeo y Epimeteo a crear los seres mortales.
Prometeo se hizo cargo de crear un ser que fuese imagen y semejanza de los dioses del Olimpo – así, creó al hombre. Por otra parte, Epimeteo creó varios animales y, a cada uno de ellos, presentó con una virtud y habilidad que les permitía la supervivencia.
Cuando Prometeo fue a crear al hombre, reunió un poco de arcilla, y físicamente lo hizo semejante a los dioses del Olimpo; aunque, cuando le fue a dar alguna virtud o habilidad, percibió que Epimeteo ya había gastado todas con los animales, y no sobró nada para el hombre. Prometeo se enfureció con Epimeteo, ya que el hombre sería vulnerable a los otros seres y sin ninguna habilidad para ayudarlo a sobrevivir.
Prometeo, intentando reparar el error de Epimeteo, tuvo la idea de crear la mayor de las habilidades para presentar al hombre – la astucia.
Aún preocupado con la fragilidad del hombre, Prometeo fue al Olimpo y de allí robó el fuego y lo entrego al hombre. El fuego no solo ayudaría al hombre a sobrevivir, sino que representaría la luz, es decir, el conocimiento, la sabiduría. La sumatoria de la astucia con la sabiduría hizo del hombre un ser capaz de hacer de todo por la supervivencia.
Así, muchos siglos pasaron y los dioses griegos fueron olvidados, pero el desafío de sobrevivir y el eterno intento de superar las barreras continúan presentes en nuestra cotidianidad. Recibimos el fuego y con él creamos un universo de soluciones y encantamientos, pero nunca debemos olvidarnos de que la astucia y los desafíos sirvieron de resorte propulsor para alcanzar nuestros objetivos. De esta manera, entrego a ustedes, lectores, el fuego, y tengo la certeza de que con él ustedes superarán todos los desafíos de la dinámica y encantadora ciencia médica.

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